[-]

06May08

Ya regresé.

Rara semana en Oaxaca. Mañanas de autodescubrimiento, tardes de aguda percepción y cenas convertidas en borracheras. La primera entrevista que hice estuvo media pendeja en comparación con la última, ya bastante aceptable. La entrevista es un género fregonazo, también es una proyección de tu interior. Con las dos últimas frases ya dije todo.

La hoja en blanco, para bien o para mal, se derrumbó en este nuevo retorno. Una vez que se deja de pensar en el otro y se escribe para sí, desenlodándose, las ideas fluyen. El otro es este instante, es la autoridad que tengo que sacudirme. Sacudirte.

***

Hoy, hace 30 años, mis papás se casaron.

***

En una cena me encuentro con Jorge Harmodio. Lo conocí en París el año pasado. En ese entonces él había decidido no tomar hasta terminar su novela, así qué, al calor de mi cerveza y su refresco de menta, hablamos de narrrativa antes de que empezara el futbol; y le conté sobre la novela que escribía. Por eso ahora, después de saludarme, me pregunta sobre mi nivola (por aquello de Unamuno) que le había parecido una buena idea. La he abandonado, le digo mientras busco un refugio. Pero no importa, pienso yo, de alguna forma sigo siendo Andrei.

Tres días después, en otra cena, volvemos a platicar de narrativa y pregunta: ¿Por qué dejaste de escribirla? Era sobre la indeterminación, le digo, después de una serie de falsos inicios e indescifrables intermedios, me di cuenta de que necesitaba demasiada determinación para escribir sobre la indeterminación. Llegan los mezcales. Entonces no dejes de escribir diario, concluye él antes de comenzar a beber.

***

Hace una semana no me percibía completo. Me diluía en percepciones, en ilusiones ópticas para el ojo del otro. ¿Cómo entonces -decía yo en un borrador- escribir un post de principio a fin? Ahora, con mis ojos, alcanzo a descifrarme un cuerpo descuidado, aún así y por eso, los posts permanecerán fragmentarios, hasta que una nueva forma se desplace en silencio.

***

Cuando terminé de ver No Country For Old Man, mi primera sensación fue el ser humano como desperdicio, la vida al servicio de una empresa inútil, vanos intentos por obstaculizar fuerzas que ni siquiera podemos magnificar. Más tarde sentí ganas de leer la novela y luego un falso arrepentimiento por haberla comprado pirata. Y luego hambre, pero mejor cerré los ojos por ocho horas.

***

Hace un año decidí buscar la estética de la indeterminación, de la indecisión. Creía que por eso mis cuentos eran pusilánimes, chatos, indecisos. El nombre de este blog obedecía a lo mismo. No es el arte de la fuga, es el falso arte de la fuga. La fuga en falso pues, la que no se da, las decisiones que no se toman, que se atascan en el lodo, en el miedo.

***

Borges, dice Vicente Verdú que en sus últimos días, dijo: Mi único error es no haber sido feliz.

***

Con la intención siempre en una estructura original, en una situación extraña o en una imagen contradictoria, he producido textos flotantes, sin tierra. Últimamente, gracias al taller con los 1440, comenzaron a acorralarme dudas respecto a mi búsqueda. Jorge, por ejemplo, desde la crudeza de su sensibilidad, siempre me hace pensar en los motivos de mis personajes, en sus preocupaciones. En un mail, en otras palabras, llegó a esta conclusión: quien no tiene motivos es el narrador.

Al principio yo creía que era por mis pretensiones estéticas ya mencionadas, sin darme cuenta que el mal no era la indeterminación de mis personajes, sino la mía.

***

En el mismo correo, el mismo personaje de los 1440 aplaude la actitud de mi blog, su forma, su voz. Y es raro, porque converge con esto -escuchado media hora antes-: “algo original no es una ocurrencia nueva, es lo que se ha orginado dentro de ti”.

Si me pongo a revisar, deben de haber miles de bloggers con mi estilo, no puedo decir que sea mi invento o que yo haya llegado primero. Lo que sí puedo decir es que no lo miré, ha surgido de mí. Así como asumo mis carencias, debo reconocer mis pasos, esta forma que lees es el resultado de cuatro años de posteo cotidiano. Este cuerpo ha surgido del mío.

***

Antes del viaje, decidí despertar temprano a mi regreso, hacer ejercicio y luego escribir sobre cualquier cosa.

Ayer fue el primer día. Me levanté entusiasmado. Preparé un café. Revisé los periódicos en línea. Un ciclón en Myanmar mató a cuatro mil personas (ahora quince mil) mientras dormía. La imagen que ilustra la nota es un monje budista esquivando árboles caídos. El banner que la patrocina, vende camionetas cuatro por cuatro, mientras el texto que parpadea dice: Estamos en la recta final, compra ya.

***

La semana pasada asistí a un curso de ensayo impartido por Heriberto Yépez. Logró que yo mismo me enseñara. Mis resacas estuvieron acompañadas por la franqueza. Fui duro conmigo, pero llegué a conclusiones sensatas. Número uno: erradicar fantasías. Así que no diré más.

:

27Abr08

Siempre hay un post en camino, eso lo sabemos. Después de la temporada en el insomnio, el peligroso ensoñamiento (¿existe la palabra?) se acomodó en mi entusiasmo. Los posts que se construyeron en el limbo sudoroso del insomnio (¿tiene sinónimo, insomnio?), ya frente a la pantalla, han sido derribados por el sueño. Apenas me despabilo y, de nuevo, voy a Oaxaca, ahora en calidad de seudo periodista. Noticias de mi tambaleo, en fragmentos, al regreso, ahora debo sacar la basura y regar-hablarle a mis plantas.

»

10Abr08

No puedo dormir. Es abril. Defenestración, el calor agobiante en el insomnio, en el pensamiento, pide. Hoy me encerré, no leí todo lo que tengo que leer, mañana iré a dar una vuelta.

***

El otro día, en un bar en el centro, se me acerca una chava.

-Tú eres Andrei -me dice. Lo sabe todo, pienso.

-Claro, soy yo. ¿Cómo sabes?

-Te leo -me dice. Lo sabe todo, definitivamente lo sabe todo.

-¿Ah, sí? -respondo nervioso, conciente de la sarta de pendejadas, postes aburridos e inventos mamones que me aviento en este blog. Tengo ganas de beber sin parar.

-Sí -me dice-. Eres tal como te imaginaba. Eres como escribes. No podrías ser de otra manera.

-¿Y dónde me lees?

-En el blog de Ira. Soy fan de tus comments.

***

Enciendo la tele a ver si se me quita el calor. Mientra escribo, a los guerreros de Oaxaca les ganan 8-0.

***

Hay una escena de Sideways (Alexander Payne, 2004) que la guardo como postal en el insomnio:

Solo, el tal Miles -un escritor cuarentón, divorciado, especialista en vinos- sentado en una especie de Vips. Ve hacia la nada, o hacia el mismo, luego mira a su hamburguesa, la muerde, descorcha su mejor botella, esa que habría de degustar en “El Momento de su Vida”, cierra los ojos y le da un largo trago.

***

En el 2005 decidí no saber nada de poesía. No escribirla, no leerla, no opinar sobre ella. Cada que alguien amenzaba con leer, me ocultaba. Si en una conversación de cantina, escuchaba Paz o Neruda, salía corriendo del lugar, incluso sin pagar la cuenta. Todavía, cada que alguien agarra aire para citar a un poeta, me muerdo las uñas.

Ese rompimiento tiene una extraña relación con una persona tres años ausente. Poco a poco, mientras la poesía me arrincona de nuevo, pidiendo volver a mi forma de vida, sin espantarme, vuelvo a leer las palabras sensatas que provienen de esa ausencia.

Yo tampoco entiendo.

***

La vuelta de la poesía, los poemas, los poetas, tiene que ver con nueva gente que me rodea, sin duda. Los Turno 1440.

***

Por hablar tanto del señor Gombrowicz, sin saber cómo, me han adherido a una lista de correo llamada Los Gombriwiczcidas. Una especie de logia de elegidos a los que Gómez, un escritor argentino que convivió en persona con Gombrowicz allá por los años cincuenta, nos inocula con sarcasmo el pensamiento que heredó del escritor. No sé si sentirme estafado o halagado. Conociéndolo, todo podría ser un juego planeado desde ultratumba. Gómez podría ser su invento, un ventrílocuo, por ejemplo.

***

En la borrachera contínua en Veracruz, hablamos sobre la existencia de una Karma Police. Discutimos un rato. Dada mi relación con la policía municipal, concluímos que soy el más fácil de arrestar, soy el que no corre, el que sabe su merecido. Eso habla mal de mí, lo sé. Pero de esa conversación surgió una nueva figura, la Karma Burocracy, que aún no me queda clara su relación con la Police, es decir, si es una instancia superior o si suple a la anterior. Eso sí, todos paseamos por los pasillos de la Karma Burocracy. Apelamos, nos amparamos, esperamos en la ventanilla, firmamos los papeles, sacamos copias; en medio de millones de probables procedimientos, quedamos a deber o esperamos para cobrar.

***

Quiero todo. ¿Lograr un solo post de principio a fin, o concebir varias cosas a medias? Soy un hombre de mi tiempo. En el insomnio -peor que la borrachera-, con la televisón encendida, no posteo sobre algo en concreto, no hay nada que ate a los fragmentos. Todo a medias. La medianía es mi bandera y también el fuego que la consume. Mis palabras se queman solas.

***

Tengo una amiga que trabaja en una editorial. Conoce a un ilustrador, lo saluda. Pasan las semans. Se da cuenta que ese ilustrador es feliz con su trabajo. Se acerca a él y ve que el ilustrador se dibuja en cada escena. Aparece en todos sus cuadros. En forma de señor, de mujer, de lápiz, de corazón, de alguna manera, el ilustrador se las arregla para salir en la ilustración. Esto la perturba, se lo cuenta a su amigo antes de ir a cenar tacos de suadero. El amigo se hace más de una pregunta y luego decide robarse la idea. En forma de post, de guion, de cuento, se las arregla para dibujarse.

πππ

Esta noche no puedo entrar en el cuento que sueño. El calor me empalaga, me araña, me aprieta el cerebro.

29mar08

Creo que no terminaré el post del 19 de marzo.

***

Nunca había tenido plantas -o al menos no a mi cargo-. Cuando vivía con mi hermano, tuvimos un cactus que desapareció misteriosamente de nuestra vista. Ahora mantengo seis plantas heredadas por Vania a su regreso a Oaxaca (uno de los cambios en mi vida a partir de venirme a vivir con ella. Otra es, por ejemplo, tener estufa). Y las riego, claro. Las plantas, aunque siempre lo dudé, tienen ánimo. Me sorprende ver cómo extrañan a su dueña, unas, y cómo otras se encariñan conmigo -sobre todo el cactus-. Se puede aprender mucho de las plantas.

***

Ayer Lulífera regresó a Europa, ahora por cuestiones de trabajo. Y el Lanza se va a solazar unos cuatro meses a partir de mañana. Digo que los voy a extrañar, pero luego el tiempo pasa tan rápido, sobre todo si se mide en posts, que las ausencias no terminan de dibujarse.

***

En estos días vino mi hermano de visita. Fue bien grato. Caminamos por la colonia Roma como en esos tiempos en que peleábamos por el sillón. ¿Qué nos pasa que nos encanta extrañar?, me pregunta, siempre queremos caminar por los mismos lugares y el de efe tan grande. Ojalá lo supiera, pero es cierto. Quiero ver una buena película, me dice, algo que no sea para niños ni la misma historia de alguien que salva al mundo mientras dormimos. Fuimos a nuestro cine. Nos cagamos de la risa en los avances. A mi hermano le gustan las películas de mafiosos. A mí también.

A la salida él saca el tema de los emos. Yo le digo que se me hace chafísima andarlos madreando. Para empezar es como pegarle a un conejo, luego, hay que dejarlos ser: ya se reirán de sus peinados, en unos años, cuando platiquen en un pasillo de oficina y maldigan la existencia de los impuestos. Mi hermano, aún así, duda, los critica, los ve como un producto de la mercadotecnia. A veces pienso que todas las manfifestaciones han sido eso, un producto. Lo malo, dice él, es que ya no son un reflejo de la sociedad, ahora los medios globales crean una adolescencia apática, triste, resignada. Por lo mismo, le digo, son un reflejo de lo que somos: un producto de los medios globales, no es para andarlos madreando. En la noche, entrevistan a un emo en la televisión. Ni ellos saben bien lo que son, ni siquiera están tristes.

***

Al otro día me fui a Veracruz. Anuar ya lo sintentizó. Raro: en el viaje extrañé. Luego me di cuenta que viajaba con tres autores. Los cuatro distintos en la forma y la preocupación puesta en la inminente medianía, los cuatro niños perdidos en el fulgor de las letras, bateadores encandilados, esperando su turno en los extra innings de un juego casi resuelto, vivimos un día entero de 72 horas lejos de la sobriedad, interrumpido por siestas. No postulamos ninguna estética en ese viaje, no redactaremos ningún manifiesto ni buscaremos el gran tema. Somos medianos. Nos comunicamos con emoticones.

***

Informe (Tusquets, 2008), el libro de Rafael Lemus, Hipérbaton, debería llamarse. Más que desquiciados, sus personajes parecen tartamudos. Sofisticado, se dirá, seguramente, es su estilo y deslumbrante su prosa. Gran idea, se dirá, transcribir de otros. Sus cuentos, ejercicios de ritmo, entrecruce extremo de ideas simples, antes que nada son su deleite. No le importa, por ejemplo, la claridad. Le encanta, así parece, enlodarse, arrastrarse en la forma y regodearse.

***

Soy incongruente. Soy ansioso.

***

Una de las plantas, desde hace semanas, amanece emo. No se me ocurre cómo levantarle el ánimo. Me dicen que habría que cambiarla a otra maceta, cambiarle la tierra, hablarle, quererla. Cuando la riego siento sus pucheros. Comienza a aterrarme dejarla sola, la alejo de objetos punzo-cortantes. Y se parece a Bob Patiño.

πππ

Esta semana, en la prisión, dentro del cuento que sueño cada noche, planeamos un motín. Nuestro punto débil, en el camarada y en mí, es nuestra desconfianza hacia los otros. Ante el miedo provocado por las últimas catástrofes naturales, la policía ambiental ha planteado la pena de muerte, ante el congreso, para quienes desperdicien agua y energía. La gente está aterrada. El gran corporativo, los dueños de la policía ambiental, del congreso, de los pozos de agua, de la red bluetooth de comunicación, de los medios de producción y de los programas de empleo, ahora van en busca de la gestión de las fronteras. Nosotros sólo tenemos las palabras, tendremos que empezar a confiar en otros reos. Y yo me pregunto: ¿No seré acaso el traidor de esta historia?

19mar08

Una de las razones por las que me apasiona el posteo es porque se me hace el medio hacia algo, hacia un producto final indescifrable ahora. Y me gusta porque el medio, en este caso la contemplación del proceso hacia algo, es mucho más suculento de lo que será el producto. El posteo frecuente está por encima del blog finalizado, si es que un blog puede ser terminado y no abandonado (en todo caso ese sería el producto final).

***

Esta idea de la contemplación del proceso por encima del resultado final ronda mi cabeza desde que trabajaba como asistente de sonido en comerciales. En un día entero de filmación escuchaba todo lo que entraba por la cámara, intentaba vislumbrar el resultado, imaginar el guion; y a la hora de presenciar el producto final, entre tantos comerciales, el resultado era decepcionante, ni la milésima parte de lo que había imaginado.

Así pues, en mi gusto personal, el proceso muchas veces supera al producto. Y hacia atrás comienza a suceder lo mismo. A los escritores se les debe juzgar por su obra escrita y no por su vida o entorno, pero si no hubiera leído los Diarios Argentinos de Witold Gombrowicz, no hubiera sido tan exquisita la lectura de su obra, su pensamiento se ha convertido en mis gafas y yo decido cuándo ponérmelas. Su proceso de treinta frustrantes años es su verdadera obra. Es el negativo que revela todo. Lo mismo me ocurre con Bolaño y sobre todo con Pitol, quien, al escribir de sus viajes, de su universo literario y su aproximación a las artes, ha multiplicado el verdadero valor de su narrativa. Para los tres, la obra es (o fue) un proceso interminable, más que una pila de libros.

***

En las conversaciones de café o de cantina, siempre he defendido la idea de publicar. Sinceramente me interesa. Ahora lo tengo más claro y puede interpretarse como un truco fácil, pero si Gombrowicz no hubiera publicado en Francia hacia el final de su vida, quizá no tendría sentido la angustia de sus Diarios Argentinos, en donde su envidia hacia los escritores publicados de moda parisina, mismos que ahora nadie conoce, lo corroe y lo hace escribir con una magistral euforia. Pero los Diarios… ya eran grandes por sí solos, aunque sólo los hubieran leído sus amigos cubanos y los exiliados polacos en Francia. Es importante publicar, pues, pero es más suculento escribir, tener conciencia de ello. Hay que saborear el proceso, aunque sea interminable, antes de obsesionarse con presentaciones y premios. Es decir, el fin es sólo un medio, el medio es el verdadero fin.

***

La verdadera razón de estos párrafos, es lo que hoy mismo Ernesto Priego escribió en un revelador post. (”Los hombres y mujeres que veo bebiendo por la mañana temprano cuando voy de camino a trabajar en mi tesis no beben para celebrar, ni para “olvidar”, ni para socializar. Beber no es un medio, sino un fin. Es un modo de ser. La escritura puede ser así: no un proceso para lograr una meta (un libro, un concurso, un premio, un dinero, algún tipo de reconocimiento público), sino un destino aparentemente incambiable, el devenir mismo”.) Y esto: “Escribo para descubrir lo que realmente pienso”, de mi amigaestra Ira Franco.

***

Conclusión, fácil de intuir: en esta época de géneros mixtos, de acceso a la difusión de ideas, de difuminación de fronteras, muchas veces los procesos suculentos interminables están por encima de productos finales que en realidad son procesos abandonados por una fecha (como los comerciales).

***
El otro día husmeando por el blog de Ía Navarro, se me ocurrió que quienes aspiramos a crear, en este caso a escribir, no somos más que personas que buscamos los ingredientes de nuestra receta secreta, por lo tanto, necesitamos degustadores, necesitamos concinarle a alguien. Así, hay quienes aspiran a tener una gran cadena de comida digerible, compartir con todos el poder de sus palabras. Otros, en los que no sin ingenuidad me incluyo, pretendemos cocinarle a nuestros amigos, a nuestros afines, a todo aquel que podría ser nuestro amigo o a quien tenga un paladar dispuesto a combinaciones raras y sabores incógnitos; crear una gran reunión de ideas, un café, una borrachera sin fronteras (Precisamente me acabo de enterar por Karen Á. Villeda que un cuento mío es leído por portugueses y brasileños, gracias a una revista electrónica en donde también publicó ella. Ese cuento publicado, que por cierto también anda por ahí en papel, ha traído más gente a este blog que el mejor de mis posts, aunque habla de futbol y es de lo más básico, encierra mis preocupaciones más soterradas; por eso mismo publicar es un medio, no el fin.) Y también existen quienes sólo cocinan para conquistar o para que vuelvas a su casa. En todo caso, lo que nos produce ansiedad es nuestra receta secreta, cocinarla, servirla en un plato -y que alguien, hacia el final de la cena, pregunte por los ingredientes, que alguien más intente enúmerarlos, mientras contemplamos los trastes sucios y las bolsas de basura que nos ha costado, eso es extra-. Tan rico que es cocinar, chingá, y estar adentro a un lado de la estufa.

***

Si lees esto quiere decir que no he terminado el post. Me voy a Veracruz, luego continúo, es que quería empezar a decirlo.



Blog de Andrei Vásquez Chávez. (Oaxaca, Oaxaca; 1982)