…»

9, 10 f

Elípsis (2 de 2)

¿Cómo son las epifanías de los de la generación yo-yo? Suceden cuando somos conscientes del titubeo de nuestros productores, cuando aparece el boom en nuestro YouTube, cuando los guionistas mal pagados vuelven a escribir después de discutir un rato. Cuando se abre la carpeta de spam emocional. También sucede cuando los escritores deciden insertar un flashback de temporadas anteriores para rellenar el espacio.

***

Episodio arranque de la nueva temporada. Despierto a las 6:30 de la mañana. Yo vuelvo al ambiente oficina. Tráfico, cafecito, rosca de Reyes, pastel de cumpleaños. Los KFGC planeamos el lanzamiento de nuestro volumen: Todos son pendejos menos el que vomita, también nos preparamos para un show venidero en la Casa del Poeta. Pensamos en López Velarde, en si le caemos bien o nos detesta. Veremos si se hace presente esa tarde.

Los roomates tenemos un conflicto. Debido al atraco de la temporada anterior, debatimos si es bueno o no mudarnos de casa. Yo argumento hueva legítima. Decidimos pensarlo. Mientras la vida de oficina continúa, comienzo a saborear la noche, tanto en clave de calma como en desenfreno. Es interesante la ecuación, a menor tiempo mayor actividad. Voy a donde me inviten o si no, me quedo en casa a sacar textos pendientes. A cambio de fantasías e ilusiones, comienzo a experimentar placer por el transcurrir del día a día. Mi adicción a Twitter, cosa que aún no acepto, crece al grado de convertirme en un divulgador de sus buenas nuevas en cada reunión, festival o peda.

***

Hago una aparición especial en la serie de Estrella. Es en el episodio final de temporada. Ella se despide del departamento de la colonia Del Valle, de su doceavo piso. La vista es espectacular. Aparezco después de su epifanía, cuando ella mira la puesta en escena y los guionistas se acarician la barbilla. Entra una secuencia editada de sus mejores momentos. Mi intervención es algo cursi para bajarle intensidad al capítulo, le digo que en ese espacio la miré crecer en cada conversación. La abrazo. Destapo la última caguama de la manera en que ella me enseñó a hacerlo (con el encendedor) y revisamos los dibujos que dejamos en la pared. Son caras felices con ojos en forma de círculo.

***

Como se había adelantado, la ambigüedad de algunos personajes comienza a aclararse. A diferencia de temporadas anteriores, ésta inicia con todos los roles bien definidos. Sé quiénes son mis amigos, tanto los de siempre como los que aparecieron el año pasado, sé también quiénes son amigos colegas y quiénes son parte de la ambientación. Yo estoy soltero y quiero con todas mis amigas, pero son nada más y nada menos que mis amigas. No hay enamoramiento a la vista. ¿O sí?

Cada mañana despierto con la noticia de que soy redactor. Me gusta mi trabajo. Vivo de escribir. Sí, hay que entrevistar a popperos y empresarios. Sí, hay que redactar sobre coches y la insoportable superficialidad del internauta y el telespectador. Pero me agrada hacerlo. Disfruto las entrevistas. Hay una parte de mí que se refleja en todas. Son como una libreta de dibujos. Ahí están mi ansiedad, mis inseguridades y mis deseos.

(Me entrevisto con Agustín Fernández Mallo y me transformo en un groupie de los peores. Después de revelar mi obsoleto apego a Hegel, confieso que me importa dejarlo porque quiero inscribirme al posmodernismo tardío. Me firma mis libros y le entrego una copia preliminar de Todos son pendejos menos el que vomita.)

Los roomates festejamos el cumpleaños 81 de Martin Luther King con mezcal, vino y cerveza. Después de comer el gusano del fondo de una botella, tengo mi primera experiencia con viajes en el tiempo. Al otro día, sin comunicárnoslo verbalmente, decidimos continuar en el mismo departamento. Los productores han optado por ahorrarse el presupuesto de la nueva escenografía. Sólo espero que lo utilicen en contratar mejores guionistas.

***

En el epílogo hay dos viñetas:

Una breve conversación de Messenger. El Joce me confirma la fecha de su boda. No puedo creer que ese hippie siente cabeza. ¿Podré hacerlo yo algún día? Me pone contento la noticia pero una multitud de preguntas me aparecen luego en el tráfico, en el metro, en la mirada puesta en el techo. ¿Yo esto?, ¿yo aquello?, ¿yo lo de más allá? El Joce dice: Luego vendrán los hijos, y serás el tío loco.

Suena el teléfono mientras escribo. Es mi mamá. Hablamos de Haití. Luego me pasa a Sofía, mi sobrina. Hola, me dice, te quiero mucho tío, ¿porque no has venido? Es una niña de cinco años, todavía cree en Santa Claus (y espero que no esté leyendo esto). Desvío la conversación para evitar que me siga conmoviendo. Oye Sofy, ¿y cómo te va con Yorch? (el niño que le gusta). Ay, ya no lo miro tanto… es que le va al América… jum, no es cierto, tío, le va a las pumas. (Sabe que es lo único que me preocupa) Me alivia.

***

Homérica remix número 2: Ah, ¿sí? ¿Qué vas a hacer? ¿Soltar las diatribas? ¿O las abejas? ¿O diatribas con abejas en la boca que cuando ladren salgan las abejas disparadas?


…»

23, 10 f

Elípsis (1 de 2)

Los pertenecientes a la generación yo-yo nos sentimos personajes de una serie de televisión. Tenemos episodios clímax y finales de temporada. Las risas grabadas se asoman en el humor involuntario del deambular cotidiano, y en los momentos de ternunra escuchamos el awwwww. Nos sentimos observados. El omnisciente ya no es Dios, el omisciente es ahora un televidente.

***

Episodio final de la temporada anterior. Yo acepto una oferta laboral. Despertaré todos los días a las 630 am a partir de enero. Los KFGC leemos sobre un cuadrilátero y Yo soy el narrador del combate (por cierto, ahora caigo en cuenta, un papel que se me asignó desde la infancia). Los roomates le organizamos un homenaje a Dámaso Pérez Prado. Develamos su imagen en la pared de los ídolos. Yo cocino papas con salamí y mozarella.

Hacia el final del episodio, estoy en La Perla, recordando viejos tiempos llenos de sonrisa. La sensación de nuevas aventuras para la próxima temporada, me hace beber hasta el amanecer. Vuelve el sentido del humor. I me lleva a casa. Comerciales. En el epílogo, justo antes de los créditos, Chozz se mete a mi perfil de Facebook y escribe: Soy gay y qué.

***

Especial de vacaciones. Yo llego a Oaxaca, a casa de mamá. Fiestas con amigos. Hasta mi familia se entera de mi supuesta homosexualidad. Le envío un mensaje a Chozz: Cabrón, gracias a ti mis amigos no me abrazan, mis amigas me cuentan su vida y he recibido miles de invitaciones para salir a beber. Aunque aclaro que no soy gay en cada conversación, compruebo el poder de Facebook.  Mientras viajo con Estrella a Chacahua para encontrarnos con Chozz, alguien entra a nuestro departamento de la colonia Roma, vulnera nuestro espacio y; roba.

Final de especial de vacaciones. Yo paso el año nuevo cerca de la playa Roca Blanca, lejos de casa y específicamente, en la miscelánea Kari en el centro del pueblo Cacalote. Una pléyade del desmadre me acompaña. Momento con fuerza. Alineación de planetas. Baile, el sonidito, abrazos y consignas. No duermo sino hasta el 2 de enero. En el camino de regreso pienso en el episodio en el que mi abuela muere, mi mamá es una niña y yo la abrazo para controlar su llanto. No soy yo quien tenía que consolarla en esa noche interminable. Lo acepto y me libero.

***

Este año no lo inicié con la redacción de propósitos de año nuevo. No tengo propósito.

***

Los guionistas se juntan para escribir el 2010. Así como Erre tiene su papel bien definido en la serie, otros personajes comienzan a definirse.

***

Frases atrapadas en archivo de meses anteriores: La literatura al servicio de la pose. El proceso como producto. La horizontalidad como contexto, envoltura y bucle. La verticalidad, la tradición, como apego y machismo. Retazos como principio y fin.

***

Avances de la nueva temporada: Los KFGC celebran el lanzamiento de su primer álbum: Todos son pendejos menos el que vomita. El mezcal como máquina para viajar en el tiempo. El Joce se casa. Oficina. De Chayanne a Agustín Fernández Mallo.

***

Homérica remix número 1: Entonces que el bebé chupe su trascendencia.


…]

28, 09 f

2009 – 2 de 2

a) Cambio y fuera

Acepto que uno de mis sueños autodestructivos consiste en borrar el blog de un sólo clic. Delete. Así, sin sonido: delete. Según me han explicado, le ocurre a todos. Yo he soportado esa pulsión una docena de veces cambiándole título al blog. De «Porciones sin sentido» a «Andrei no salió a las cinco», de «Eso me recuerda que debo irme» al «Falso arte de la fuga», todos han tenido un extraño eco con lo que me ocurre en la vida real. Incluso «La existencia está en otra parte», línea tomada sin permiso del manifiesto surrealista de Bretón, que tituló a este blog en una época en la que, créanme, la existencia no debía estar aquí. Este año fue el de «Camino de postes» y aún no sé si fue el indicado para ahuyentar esa falsa idea de una fuga que había emprendido un par de años atrás. En fin, todo esto para decirles que en el 2010 me enfrentaré a cambios en mi vida cotidiana. Cambios que en el fondo son dejar esa fuga inmóvil y poner los pies en la tierra. Y caminar.

b) Tercer trimestre

Se terminó el empleo en Cancún. Volvimos en auto. Hablamos lo que nunca. De nuevo, me convertí en el hijo que platica con papá. Una noche, antes de llegar a Villahermosa, con Pyramid Song en el estereo, tuve la fantasía: le quito el volante a papá, lo giro hacia el otro lado, el coche sale de la carretera, nos volteamos. Una imagen súbita que de inmediato se diluye con un: qué estás pensando.

Al volver al DF, por fin sentí al departamento como mi casa, y a los roomates como mis hermanos.

Después, por arte de magia, en un viaje relámpago a Xalapa y Chachalacas: Jorge, Jorge, Güero, Anuar y yo, nos convertimos en los Kikín Fonsecas y el Gringo Castro. Metí mi cuerpo al mar y el año comenzó a tener sentido. Se revivieron objetos.

Quince días más tarde: el momento del año. Vengo con M, Rorro y Q, en la carretera hacia Oaxaca. Sólo dos carriles. Decimos: la carretera es como el mar. Tiene su propio lenguaje. De frente, una camioneta viene rebasando a una fila interminable de vehículos. Viene de frente. No hay espacio. Viene de frente. M trata de esquivarlo instintivamente. Gira el volante. Chocamos con un fantasma. Salimos de la carretera. Ya valió madres, grita ella. Yo, sin cinturón de seguridad, pienso en agarrarme de algo, y aguantar, no sé qué viene en camino, sólo sé que debo aguantar. Una vuelta sin tiempo. La inmovilidad. Salgo corriendo del auto y ya están todos afuera. Nos revisamos. Nos abrazamos. Tiramos nuestros cuerpos a la tierra. Tenemos mucha suerte, dice M. Cuando me empieza a doler el hombro, mi mente se muestra catastrofista. Dentro de la ambulancia, pienso en que las fantasías se cumplen. Y esto me pone hipertenso.

Seis horas después, nos dan de alta en un hospital de Tehuacán. Mi hipertensión estuvo apunto de dejarme allí toda la noche. Fue mayor mi susto que ninguno de los golpes que me di. A pesar de los impactos del auto, estamos extraordinariamente sanos. Preguntas respecto a mi manera de reaccionar ante situaciones límite. Soy un miedoso y pesimista.

c) Cuarto trimestre

Pienso mucho en mí y en la gente que me ha padecido. En los miedos, en el pesimismo. Pienso en que el  futuro no existe. Sólo sé cómo no quiero ser, y de allí era la fuga. Pero una fuga hacia dónde, cómo, por qué. No tengo idea. Comienzo a imaginarme. Hoy con más ganas que ayer.

Aparecen nuevos personajes en mi vida que comienzo a apreciar de inmediato. No se está para siempre. Trato de mostrar mi cariño a quienes ya estaban en acción. Los Kikín entran en escena. La novela entra a dictamen. Dejo todos mis proyectos llenos de ilusión, y trabajo en conocer qué proviene realmente de mí. Todo es una incognita blanca. No sé qué significa lo anterior, así salió y lo dejo. El año que viene será un horizonte.

d) Horizontes

En un capítulo de Nocilla Dream, Fernández Mallo habla someramente de los horizontes en el cine. En las películas norteamericanas, el horizonte simboliza esperanza; en las europeas, nostalgia, pérdida; en las orientales, muerte.

Con este ánimo reduccionista en la memoria, subí ayer a mi azotea. Más allá de los tinacos y los tendederos, el horizonte se me presentó y me dijo: ¿qué significo para ti, Andrei? No lo sé en este momento, respondí mientras respiraba el sutil smog oaxaqueño. No lo sé, pero lo presiento ineludible.

e) Presagio

Una mañana B despierta de una pesadilla. A las seis de la tarde, mientras camina sin sentido, se pregunta: ¿y si la C original era en realidad un nuevo avatar de N? Entonces todo ha sido producto de una mente obtusa y un tanto masoquista. Avatares y avatares de C, que en realidad eran avatares de N. Todo esto ha sido un sueño autodestructivo. Parecido al delete silencioso con el que se devanece un blog entero.


[...

16, 09 f

2009 – 1 de 2

a) #postenecesario

Desde que abrí el blog en el 2004, alguien me advirtió que la blogósfera estaba moribunda. Que no duraría mucho. Nunca lo creí, las visitas y los comments aumentaban mes con mes. Menos este año: De 2000 visitas en enero, 500 en noviembre. Ayer amanecí con ganas de escribir los párrafos que vienen debajo. Iban para Twitter, pero lo sentí demasiado frío. Twitter es la calle, y este blog es mi casa. Aquí vienen a visitarme (cada vez menos, soy de esas personas que abandonan) o los invito a pasar desde el Facebook o el Twitter. Entonces, ahora que escribo este post, pienso que siempre habrá tiempo para detenerse a escribir en el blog, siempre existirá la necesidad de respirar despacio, como cuando en una avenida de alta velocidad alcanzas a mirar la entrada de una casa que te recuerda algo.

b) Primer trimestre

Este año lo inicié con una fantasía frustrada. Floté y al aterrizar, todo lo que iba a arder en llamas, seguía aquí mismo. Mi amor se escondió en un laberinto.

Recuerdos: Las sábanas y el techo. Borrar palabras. Una mudanza agotadora. Libros en cajones. Ropa en la maleta. Discos, películas y objetos varios, vendidos todos en 350 pesos. El concierto de Radiohead. Y una ventana nueva, sin cortinas, por la que atraviesan cuatro aviones cada hora.

c) Segundo trimestre

Luego vino la influenza, y mientras todos se sentían extraños encerrados, yo no percibía el cambio: mi vida seguía siendo igual. Quizás por eso acepté trabajar para mi papá en Cancún. Por eso y porque se habían terminado mis ahorros. Esos dos meses estuve en un oficio extravagante, un oficio que me apasiona pero que me provoca culpa. Y náuseas. Cuando regresé a la Ciudad de Mexico, decidí no volver a jugar con ese fuego. Lo trascendente: La calma de la playa, días dentro de un auto con papá, mucho Vonnegut, necesitar a los amigos, conversaciones con Erre, Pumas campeón, Twitter y la muerte de Michael Jackson.

d) Nubes

Cuando era niño me espantaban las nubes que tapaban al sol. La casa se oscurecía gradualmente. Era un hecho que algo se desplomaba encima de nosotros. Que un impacto era inevitable. Quería correr, esconderme debajo de la cama. Me gustaría recordar cómo supere ese miedo, cómo dejó de caerse el cielo.

e) Profecía

Una mañana. Dos personas se abrazan en una cama. Antes que la luz, entran los sonidos: Un bostezo, autos yendo a la oficina, un avión yendo a quién sabe dónde. N le dice a B: acabo de tener una profecía en mi sueño. B: ah, ¿sí?, ¿de qué trata? N: tú y yo estaremos juntos siempre. Las profecías le parecen fascinantes a B, y así responde: mi amor, me encantan las profecías. Una semana después, B deja de creer en ellas cuando mira los ojos de C, o las nalgas, algo ve que deja de creer.

Ahora es B quien sueña con profecías. Y cada que esto ocurre C se desvanece, pero luego aparece un nuevo avatar de C y no de N. Hay algo de necedad en eso.


(–)

9, 09 f

Los esperamos con ansias. El lugar se llama La Faena y está en Venustiano Carranza 49, entre Bolívar e Isabel la Católica, en el Centro. El tema es el hombre en la oficina, el hombre contra sí mismo, su herencia, sus certezas, sus pulsiones, el futuro.


…»

26, 09 f

Paredes azules

La semana pasada, después de escribir el post sobre perros amarillos, revisé mails, me tomé un té de tila y dormí plácidamente sin apagar el iTunes. En algún momento del sueño volví a las calles por las que caminaba de madrugada con E para evadir la presencia de la muerte.

Al reconocer las paredes azules de mis recuerdos, me percataba de que ningún perro amarillo se nos acercaba como solían hacerlo. Yo era el único observador del trastorno de mi amigo, y él no se sentía protegido. Mientras miraba nuestras sombras, las paredes se tornaban rojas y una docena de cadáveres de perros amarillos aparecían entre nuestros pasos. Amanecía. La luz del sol enfatizaba los cortes transversales en los cuerpos de los perros.

Después de un breve sobresalto, E se inclinaba a manosear las vísceras de los cadáveres. Yo permanecía inmóvil, trataba de recordar el mensaje que nos enviaban los perros amarillos cuando estaban vivos, veía a mi amigo como una especie de caníbal desalmado. Come, me decía él, ¿por qué no comes? ¿Por qué no como?, pensaba yo en el sueño, quizás porque temo que me guste su sabor. La gula con la que mi amigo devoraba las entrañas de un perro amarillo, provocó una explosión de astillas en mi sangre.

Me incliné, tomé de las orejas el cadáver de un perro. Su mirada era negra, de esas que por madrugadas enteras me habían vigilado y cuidado en caminatas extensas. Miré el cuerpo y pensé en todos los textos que me han conmovido, pensé en todas las sensaciones en el estómago que no he conseguido descifrar ni darles nombre.

Mordí la carne roja y el sabor de la sangre era mineral y fresco.

Y entonces comencé a sentir la presencia de la realidad.

A veces, en la transición del sueño a la vigilia, una especie de abstracción corporal nos atrapa, más que una alucinación, un limbo parecido al del muerto de hambre. En ese vértigo antes de abrir los ojos por completo, yo devoraba mi blog, toda mi narrativa, todos mis falsos anhelos, incluso devoraba los poemas amarillos y los cuentos perros de mis amigos cercanos.

Cuando mi vista capturó el techo de mi recámara, el iTunes entonaba Her Pretty Face, de The Apples in Stereo. Y el hambre, sé que sobra decirlo, era tan insoportable como la superficialidad que se aferra a mi alma.

–La ilustración es de Richard Zela