Cumplí 25 y me he puesto serio con esto de que es aburrido mi blog. Así que, en vez de reseñarles las fiestas, que estuvieron re buenas, los tragos y los etcéteras, que seguramente los aburrirían, decidí explorar la blogósfera en búsqueda de material digno de plagio.
Creo que le he dedicado las dos últimas noches, a excepción de ayer que fui a la boda de Manolo y me saturé de whisky, y aún así no me llegan los chistes a la mente. Al prinicpio supuse que sólo me faltaba tener más faltas de ortografía o poner más signos de admiración o contradecirme o burlarme de alguna minoría, o dejar de poner comas. Pero no. Se trata de algo más. Por ejemplo, este blog, me hizo reír como seis horas seguidas; me detuve a analizarlo, a encontrarle el truco, y, además de ortografía, hallé algo bien difícil de conseguir: naturalidad.
Así que concluí que quizá yo, Andrei, debería aceptar mi cruzada contra el sentido del humor natural y autoproclamarme un blogger serio, un hombre de letras que no tiene tiempo de pensar en curiosidades, un hombre de 25 años que en sus ratos libres se acaricia la barba y piensa en el futuro de la Literatura, del hipertexto y el blog como camino al reconocimiento. Un blogger que para hacer reír se base en trucos robados a escritores publicados, a la conversación cotidiana y al intercambio natural de ideas entre seres humanos, con el afán de confundir a sus lectores.
El otro día de eso platiqué detrás de un pozole con Ira. Me dijo que la hacía reír mucho en persona, pero que a la hora de escibir me ponía muy serio. Imaginé que quería, entre líneas, aconsejarme ser menos petulante. Le confesé, pero de seguro no me creyó, que yo intentaba ser jocoso a la hora de escribir; de veras, le dije, de veras.
Le conté que una tarde, ofuscado en la oficina, cuando todavía no cumplía los 25, platicaba por messenger con Oscar, otro ofuscado por la oficina, y de pronto él detuvo la conversación y me dijo que por favor ya no quería escuchar de cierta persona de la que siempre hablaba, que ya era mucho, era mi tema recurrente. Así que comenzamos a hablar de futbol y del traspaso de Beckham al Galaxy de Los Ángeles. De lo que eso significaba para el curso de la humanidad y las generaciones posteriores. En mi intento por regresar la conversación a mi tema favorito, conseguí una de las conversaciones más hilarantes de la historia del internet. Me puse eufórico, no me detenía en ideas. Supongo, o espero, que Oscar haya reído al menos la mitad de lo que yo reí esa tarde. Cuando nos despedíamos, Oscar me dijo que debería convertir esa conversación en un cuento, uno amable para que la gente riera como habíamos reído, hasta ilustrado si se pudiera, con versiones para niños, para colorear, con versión animada en dvd, versión navideña, etcétera. Podríamos hacernos ricos, pensamos. Lamentablemente no guardé esa conversación.
Pero una mañana de esas en que ya quería renunciar para convertirme en escritor, me di cuenta de que tenía mucho tiempo que no escribía ni un cuento, lo cual carecía de lógica. Repasé en la mente varias ideas que no había concretado, recordé más o menos esa charla y me encontré con la imagen de un exfutbolista que, mientras ve a los jugadores en la cancha, toma conciencia de que ha dejado de vivir sus sueños, y, en cambio, ahora narra los de otros. Carajo, la imagen me pareció tan bella, que en ese momento lo empecé a escribir, le puse de título “Narrador” y no lo solté hasta en la noche. Cuando llegué a mi casa, dormí con la satisfacción de haber escrito, de haber terminado algo en la vida; satisfecho, la verdad, muy a pesar de que eso significara presion extra en el trabajo al otro día y, quizá, uno que otro regaño fuerte, tal vez menos dinero en la cuenta. El caso es que no hallo cómo logré quitarle tanta hilaridad y euforia a esa conversación tan jocosa: ahora es un cuento que se llama “Minerva”, lo leo y río, pero no de la misma manera.
Le conté eso a Ira detrás del pozole y cerramos el tema con que uno no bloguea como quiere, sino como le sale, y de ahí logré de nuevo hilar la conversación hacia mi tema de siempre. Y un par de semanas después cumplí 25.
14, 07 f a 10:20 pm
Y todavía no te creo, pero cómo me gusta cuando haces cuentos de tus propios cuentos. Puta, ya quisieran varios ser tan seriamente posmodernos como tú. Y ya me voy y dejo de tirar cebollazo porque luego van a pensar que somos cuates y la neta si, pero no es por eso que te envidio la escritura. Faltaba más.