Este fue uno de esos fines de semana en que no me asomé al blog. Y hoy me encuentro, allá abajo, con un post que no comprendo. Quizá lo escribí en un momento de borrachera. Trato de relacionar los elementos y no encuentro nada tangible, como si hubiera retomado retazos aislados del sueño. Pues últimamente he soñado con videojuegos, también con estar dentro del cine bastante tiempo; además, estas noches trato de escribir un cuento de ciencia ficción en donde la policía ambiental me encierra por no haber separado la basura, y recuerdo que lo sueño como videojuego.
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En el cuento, dentro de una prisión de la policía ambiental, conozco a un camarada encerrado por no pagar su verificador ambiental satelital. Al principio lo creo loco. Me habla de que todo es un invento del gobierno para controlarnos con base en el miedo al universo. Habla de que la resistencia al cambio es insensata, y es aprovechada por las grandes coporaciones para alinearnos. Cuando en realidad el mundo tiene su propia agenda, y nosotros deberíamos retomarla, no frenarla. Nos quieren vender el apocalipsis -me dice agitando los brazos-, y además bastante caro. En cada conversación, su mirada de locura se difumina a sabia. Todo me lo dice con lenguaje hablado, pues una vez adentro de prisión, el sistema de comunicación de ideas bluetooth, es bloqueado.
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Cuando uno escribe borracho, como en el post pasado del 16 de febrero, se corre el riesgo de escribir sin sentido. De hablarle a alguien más. De confundir. De transmitir seis ideas de ida y vuelta. ¿A qué me refería con que el cine se convierte en videojuego? Jamás jugaré Killer Instinict, como tampoco veré Tomb Raider en el cine. Pero, quizá sí escoja ser Vincent Vega al entrar a una reedición de Pulp Fiction, en donde, como en videojuego, se puedan actuar las escenas; quizá también escoja ver en el cine cómo alguien termina la última fase de un videojuego existencial -escrita por algún Camus del videojuego- con maestría.
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Sin embargo, en el cuento, dentro de la prisión, corre el rumor de que allá afuera hay personas con la sabiduría necesaria para descifrar las contraseñas de nuestros sistemas de comunicación bluetooth. Si esto es cierto, podríamos dejar este obsoleto sistema de palabras proferidas por la boca, insuficiente para transmitir nuestra angustia; y podríamos intercambiar archivos de la memoria, crear una base de datos común, superar juntos el miedo colectivo, y dejar de resistir al cambio del universo. ¿Dónde conseguir un desbloqueador? La policía ambiental apenas imagina lo que le espera.
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Acá afuera, estoy encerrado en sueños que narran un raro futuro. Entro al cine, a ver si puedo liberarme. Diez días dentro de una sala, en la oscuridad.
Ya se me olvidó lo que te iba a comentar. No importa: escribes superchingón.
Y sí pagan justo a tiempo para darte las gracias un día después de recibir el cheque, el problema es aguantar ahí la quincena completa.
Yo también quiero un desbloqueador. No sé, pagaría lo que fuera por un desbloqueador. Me lo imagino como un aparatito de esos que usan en Garibaldi para dar “toques”. Supongo que tendría que dirigirlo a mi frente.
Quiero un desbloqueador.