29, 08 f

Creo que no terminaré el post del 19 de marzo.

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Nunca había tenido plantas -o al menos no a mi cargo-. Cuando vivía con mi hermano, tuvimos un cactus que desapareció misteriosamente de nuestra vista. Ahora mantengo seis plantas heredadas por Vania a su regreso a Oaxaca (uno de los cambios en mi vida a partir de venirme a vivir con ella. Otra es, por ejemplo, tener estufa). Y las riego, claro. Las plantas, aunque siempre lo dudé, tienen ánimo. Me sorprende ver cómo extrañan a su dueña, unas, y cómo otras se encariñan conmigo -sobre todo el cactus-. Se puede aprender mucho de las plantas.

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Ayer Lulífera regresó a Europa, ahora por cuestiones de trabajo. Y el Lanza se va a solazar unos cuatro meses a partir de mañana. Digo que los voy a extrañar, pero luego el tiempo pasa tan rápido, sobre todo si se mide en posts, que las ausencias no terminan de dibujarse.

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En estos días vino mi hermano de visita. Fue bien grato. Caminamos por la colonia Roma como en esos tiempos en que peleábamos por el sillón. ¿Qué nos pasa que nos encanta extrañar?, me pregunta, siempre queremos caminar por los mismos lugares y el de efe tan grande. Ojalá lo supiera, pero es cierto. Quiero ver una buena película, me dice, algo que no sea para niños ni la misma historia de alguien que salva al mundo mientras dormimos. Fuimos a nuestro cine. Nos cagamos de la risa en los avances. A mi hermano le gustan las películas de mafiosos. A mí también.

A la salida él saca el tema de los emos. Yo le digo que se me hace chafísima andarlos madreando. Para empezar es como pegarle a un conejo, luego, hay que dejarlos ser: ya se reirán de sus peinados, en unos años, cuando platiquen en un pasillo de oficina y maldigan la existencia de los impuestos. Mi hermano, aún así, duda, los critica, los ve como un producto de la mercadotecnia. A veces pienso que todas las manfifestaciones han sido eso, un producto. Lo malo, dice él, es que ya no son un reflejo de la sociedad, ahora los medios globales crean una adolescencia apática, triste, resignada. Por lo mismo, le digo, son un reflejo de lo que somos: un producto de los medios globales, no es para andarlos madreando. En la noche, entrevistan a un emo en la televisión. Ni ellos saben bien lo que son, ni siquiera están tristes.

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Al otro día me fui a Veracruz. Anuar ya lo sintentizó. Raro: en el viaje extrañé. Luego me di cuenta que viajaba con tres autores. Los cuatro distintos en la forma y la preocupación puesta en la inminente medianía, los cuatro niños perdidos en el fulgor de las letras, bateadores encandilados, esperando su turno en los extra innings de un juego casi resuelto, vivimos un día entero de 72 horas lejos de la sobriedad, interrumpido por siestas. No postulamos ninguna estética en ese viaje, no redactaremos ningún manifiesto ni buscaremos el gran tema. Somos medianos. Nos comunicamos con emoticones.

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Informe (Tusquets, 2008), el libro de Rafael Lemus, Hipérbaton, debería llamarse. Más que desquiciados, sus personajes parecen tartamudos. Sofisticado, se dirá, seguramente, es su estilo y deslumbrante su prosa. Gran idea, se dirá, transcribir de otros. Sus cuentos, ejercicios de ritmo, entrecruce extremo de ideas simples, antes que nada son su deleite. No le importa, por ejemplo, la claridad. Le encanta, así parece, enlodarse, arrastrarse en la forma y regodearse.

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Soy incongruente. Soy ansioso.

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Una de las plantas, desde hace semanas, amanece emo. No se me ocurre cómo levantarle el ánimo. Me dicen que habría que cambiarla a otra maceta, cambiarle la tierra, hablarle, quererla. Cuando la riego siento sus pucheros. Comienza a aterrarme dejarla sola, la alejo de objetos punzo-cortantes. Y se parece a Bob Patiño.

πππ

Esta semana, en la prisión, dentro del cuento que sueño cada noche, planeamos un motín. Nuestro punto débil, en el camarada y en mí, es nuestra desconfianza hacia los otros. Ante el miedo provocado por las últimas catástrofes naturales, la policía ambiental ha planteado la pena de muerte, ante el congreso, para quienes desperdicien agua y energía. La gente está aterrada. El gran corporativo, los dueños de la policía ambiental, del congreso, de los pozos de agua, de la red bluetooth de comunicación, de los medios de producción y de los programas de empleo, ahora van en busca de la gestión de las fronteras. Nosotros sólo tenemos las palabras, tendremos que empezar a confiar en otros reos. Y yo me pregunto: ¿No seré acaso el traidor de esta historia?

8 comentarios para “₪”


  1. Je, me encanta, “Una de las plantas, desde hace semanas, amanece emo.” Lástima que no fue por lo del peinado. Me hizo pensar eso que discutías con tu hermano sobre los emos. Por mí que hagan lo que les venga en gana, pero leyéndote creo que lo más triste de ellos es que efectivamente son resultado de la mercadotecnia, de la ropa que les vende Bershka y también de esa necesidad que tienen “los de arriba” de una adolescencia apática y pasiva. Todo un tema.
    Abrazo

  2. Tangómana Dijo:

    Sí, es difícil permanecer sobrio en Veracruz. Sobre todo por el placer de poderse emborrachar de sus atardeceres con tonos ocre y denso calor. Aquí, sí, la vida es más sabrosa. Lo que también puedo asegurar es que las plantas son como nosotros, con increíbles altibajos, sólo riégala, acaríciala, colócala donde haya buena iluminación y dale su tiempo, verás que vuelve a tomar fuerza.
    Voy pa’llá el 30 de Mayo (viernes), a la graduación de un cuate, también me quedo el sábado, aprovecharé para cambiar un par de días de aires, de inhalar un poco de humo, así que usted dice si nos echamos un café, un mate o, en su defecto, una chela.
    Va, pues, un abrazo

  3. el joce Dijo:

    aquí en tu tierra, a la que por cierto noto que extrañas cada vez menos (lo cual es bueno pues lo que habría por extrañar se pierde rápidamente) proliferan los emos, lo que lleva a pensar si tuvieramos 10 años menos seríamos emos?, hubieramos hecho nuestro trabajo final de sociología (el cual por cierto todavía guardo) acerca de ellos?, porque no nos quería madrear todo el mundo a nosotros si nos pásabamos las noches pintando paredes? (como extraño esos tiempos). En fin, a mí simplemente me parece que se les da demasiada importancia, por cierto madrea a tu planta.

  4. Anónimo Dijo:

    ahora hay que perderle miedo a la cocina y cocinar cosas de verdad. pero para eso pasara tiempo, porque las cocinas dan miedo. a veces parece que más bien ellas te comen.
    tambien pienso a veces que pensar que somos un producto es un producto de la izquierda producida por los medios politicos que han sido pro… no importa en realidad o si?

  5. lulúrifa Dijo:

    oye, ya regresé. vamos el viernes al examen de grado de chimal, en filos, de 4 a 6PM. hace algo de literatura comparada usando a los monty phyton. y luego unas chelas ¿no?

  6. n2g Dijo:

    Qué onda Andrei… Finalmente congrego unas palabras ¿Les he dicho que tengo Cactus y tienen nombres? La primera se llama Erato, y es una Sábilam no es un cactus del todo pues… No tenía internet pero ya…, pronto subiré el primero borrador. Un abrazote… Y habrá que leer a Lemus!

  7. n2g Dijo:

    Ash y es distntinta la dirección. Mmmm, aún no me acostumbro…


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