Ya regresé.
Rara semana en Oaxaca. Mañanas de autodescubrimiento, tardes de aguda percepción y cenas convertidas en borracheras. La primera entrevista que hice estuvo media pendeja en comparación con la última, ya bastante aceptable. La entrevista es un género fregonazo, también es una proyección de tu interior. Con las dos últimas frases ya dije todo.
La hoja en blanco, para bien o para mal, se derrumbó en este nuevo retorno. Una vez que se deja de pensar en el otro y se escribe para sí, desenlodándose, las ideas fluyen. El otro es este instante, es la autoridad que tengo que sacudirme. Sacudirte.
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Hoy, hace 30 años, mis papás se casaron.
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En una cena me encuentro con Jorge Harmodio. Lo conocí en París el año pasado. En ese entonces él había decidido no tomar hasta terminar su novela, así qué, al calor de mi cerveza y su refresco de menta, hablamos de narrrativa antes de que empezara el futbol; y le conté sobre la novela que escribía. Por eso ahora, después de saludarme, me pregunta sobre mi nivola (por aquello de Unamuno) que le había parecido una buena idea. La he abandonado, le digo mientras busco un refugio. Pero no importa, pienso yo, de alguna forma sigo siendo Andrei.
Tres días después, en otra cena, volvemos a platicar de narrativa y pregunta: ¿Por qué dejaste de escribirla? Era sobre la indeterminación, le digo, después de una serie de falsos inicios e indescifrables intermedios, me di cuenta de que necesitaba demasiada determinación para escribir sobre la indeterminación. Llegan los mezcales. Entonces no dejes de escribir diario, concluye él antes de comenzar a beber.
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Hace una semana no me percibía completo. Me diluía en percepciones, en ilusiones ópticas para el ojo del otro. ¿Cómo entonces -decía yo en un borrador- escribir un post de principio a fin? Ahora, con mis ojos, alcanzo a descifrarme un cuerpo descuidado, aún así y por eso, los posts permanecerán fragmentarios, hasta que una nueva forma se desplace en silencio.
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Cuando terminé de ver No Country For Old Man, mi primera sensación fue el ser humano como desperdicio, la vida al servicio de una empresa inútil, vanos intentos por obstaculizar fuerzas que ni siquiera podemos magnificar. Más tarde sentí ganas de leer la novela y luego un falso arrepentimiento por haberla comprado pirata. Y luego hambre, pero mejor cerré los ojos por ocho horas.
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Hace un año decidí buscar la estética de la indeterminación, de la indecisión. Creía que por eso mis cuentos eran pusilánimes, chatos, indecisos. El nombre de este blog obedecía a lo mismo. No es el arte de la fuga, es el falso arte de la fuga. La fuga en falso pues, la que no se da, las decisiones que no se toman, que se atascan en el lodo, en el miedo.
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Borges, dice Vicente Verdú que en sus últimos días, dijo: Mi único error es no haber sido feliz.
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Con la intención siempre en una estructura original, en una situación extraña o en una imagen contradictoria, he producido textos flotantes, sin tierra. Últimamente, gracias al taller con los 1440, comenzaron a acorralarme dudas respecto a mi búsqueda. Jorge, por ejemplo, desde la crudeza de su sensibilidad, siempre me hace pensar en los motivos de mis personajes, en sus preocupaciones. En un mail, en otras palabras, llegó a esta conclusión: quien no tiene motivos es el narrador.
Al principio yo creía que era por mis pretensiones estéticas ya mencionadas, sin darme cuenta que el mal no era la indeterminación de mis personajes, sino la mía.
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En el mismo correo, el mismo personaje de los 1440 aplaude la actitud de mi blog, su forma, su voz. Y es raro, porque converge con esto -escuchado media hora antes-: “algo original no es una ocurrencia nueva, es lo que se ha orginado dentro de ti”.
Si me pongo a revisar, deben de haber miles de bloggers con mi estilo, no puedo decir que sea mi invento o que yo haya llegado primero. Lo que sí puedo decir es que no lo miré, ha surgido de mí. Así como asumo mis carencias, debo reconocer mis pasos, esta forma que lees es el resultado de cuatro años de posteo cotidiano. Este cuerpo ha surgido del mío.
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Antes del viaje, decidí despertar temprano a mi regreso, hacer ejercicio y luego escribir sobre cualquier cosa.
Ayer fue el primer día. Me levanté entusiasmado. Preparé un café. Revisé los periódicos en línea. Un ciclón en Myanmar mató a cuatro mil personas (ahora quince mil) mientras dormía. La imagen que ilustra la nota es un monje budista esquivando árboles caídos. El banner que la patrocina, vende camionetas cuatro por cuatro, mientras el texto que parpadea dice: Estamos en la recta final, compra ya.
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La semana pasada asistí a un curso de ensayo impartido por Heriberto Yépez. Logró que yo mismo me enseñara. Mis resacas estuvieron acompañadas por la franqueza. Fui duro conmigo, pero llegué a conclusiones sensatas. Número uno: erradicar fantasías. Así que no diré más.
no sé andrei, me parece que “erradicar fantasías” no es compatible con dejar de ensayar la fuga y hacerla verdadera.
ah, y ya quiero que me cuentes de estos días allá, ¿cuándo estrenamos la shisha y nos echamos unas chelas?
Es terrible el miedo mientras arrojas palabras a ese gigantesco ojo virtual que te lee.
Creo que lejos de llegar a conclusiones, estas llegando a Andreí y eso es mas chingón.
Un abrazo amigo.
Ah, cuando llegué a esa frase, sentí como un golpecito. De esos que te das en los sube y bajas cuando eres ya demasiado grande y chocas en el piso y…bueno creo que no fue la mejor imagen.
“Algo original no es una ocurrencia nueva, es lo que se ha orginado dentro de ti”.
Normalmente lo que vemos (y leemos) siempre lleva un trabajo en el que no pensamos quienes percibimos la “obra” (chan chan chán) “terminada” (y a veces terminar es, precisamente, no concluir) definitivamente esto que leemos tiene su historia, su proceso. Y definitivamente me da gusto saber que sabes que esto (estilo, posts, letras) es tuyo en la medida en que se originó DE tí.
Un abrazo y un saludo, hace tiempo que no nos vemos =)
Hay unos cuentos de Rey Rosa que son entrevistas, a mí me fascinan.
Cómplice, es la palabra perfecta.
Nos queda.
Sí, a mi también me llegó cabrona la crisis después del curso con Yépez, erradicar los miedos y las mentiras de las que uno se hace acreedor, es mucho muy difícil.
Un saludo.
tssss, cómo se me antoja ese taller chingá. qué experiencia.
Amigo: Te quiero. Las levantadas temprano me están ayudando, estan exorcisando mis pesadillas (no son sueños soñar que el pasado me persigue); en cuanto sueño ‘feo’ me despierto y eso ocurre regularmente temprano. Paso a paso. Cada quien crea su propio tratamiento, eso sí. Pronto, mis sueños me harán levantarme tan temprano o más como mis pesadillas. Madrugar, o levantarme temprano ha sido parte de ese proceso llámese transformación, terapia, cambio, etc. cada quien lo llama como se le acomode; lo mío es exploración, ‘proceso’ que creo no dejaré jamás.
Cuando el Jarocho esté listo hay que ir a comprar un café, cruzar la calle de vuelta y tomarlo en la deliciosa azotea, eso sí cuando el viento no sea tan amenazante.
Hola Andrei… Los fragmentos cae para hacerse lluvia…. Y gotea el tiempo… Un abrazo