De vuelta en casa, ahora para irme despidiendo. Es cuestión de días para iniciar la nueva mudanza. Cargar cajas, subir colchones, sufrir ligera taquicardia y sudores. A poner los ojos en otro paisaje de edificios y tendederos, a amarrarle nudos al hilo secreto de los días; a preguntar, otra vez, por la mejor salsa, a ausentarme entre calles desconocidas y a extrañarte en un nuevo silencio. La mudanza, again, como una pobre metáfora.
3, 09 f a 11:58 am
Me gusta el texto. Y eso pasa cuando uno se muda, cuando se mueve. Las veces que me he cambiado de casa siento que no voy a tolerar a otro zapatero, a otro abarrotero. Quiero a los míos, a los que ya conozco.
Pero anoche soñé con otro tipo de mudanza; angustiante, desoladora.
Me gusta la metáfora.
Saludos Andrei, escribe más.
O al menos pasa los links de tus textos.
3, 09 f a 8:00 pm
Pero qué cuando tienes tremendos compañeros de mudanza… ¿no cambia cómo se vislumbra el panorama?
4, 09 f a 1:25 pm
Hasta en las cosas simples me gusta leerte. Que bonito.
Y aprovechando el espacio, muchas gracias por tus comentarios, no sabes que bien me cae pues te respeto mucho como escritor.
Saludos desde el 45