Archivos para Abril, 2009

(.

27, 09 f

1

Finalmente me decido a postear sobre la influenza porcina, que en realidad es sobre nuestros días. No quería hacerlo sin la certeza del virus, pero algo me dice que ésta no es época de certezas. Es muy probable que cambie el espíritu en cada transcripción, en realidad nadie sabe nada.

2

La situación es jocosa, es el tema de las fiestas y las comidas. Estamos nerviosos.

3

Viernes en casa: Comienzo a sentirme parte de algo. La cerveza sabe mejor cuando es aderezada de paranoia colectiva. Somos los personajes. Nuestra intuición nos tiene relajados, sabemos que al final, antes de los créditos, todo volverá a la calma. Seremos distintos. Pero iguales. Todo está en la estructura dramática. Este día llegaría, les digo. La crisis económica, el agua, la violencia. Era ya tiempo de la nueva peripecia.

4

¿Existe?, ¿no es una cortina de humo? Y si existe, ¿por qué?, ¿quién?, ¿se dio de forma natural o en laboratorio? Y si no existe, ¿cuál es la razón para asustarnos? ¿Cuál es la teoría conspiratoria que embona todo?

5

Desde el sábado he estornudado unas cuarenta veces. Me ha dolido la cabeza, incluso me han dolido las articulaciones, pero les puedo asegurar, sin ir al médico, que no soy parte de la epidemia. No tengo la certeza de que esas cifras que sacan en televisión sean en realidad muertes, al menos muertes por la influenza. Sabemos, y muy bien, que la gente muere todo el tiempo en esta ciudad. Algo me impide confiar en los medios, ni en los locales ni en los globales. Es la versión posmoderna de Juanito y el Lobo. Pero no logro leer entre líneas. Y lo peor: no sé si ocultan o exageran.

6

Sea como sea, algo sucede en esta ciudad. Me asomo a la ventana y es un rompecabezas. Las calles se ven vacías. Soldados brotan en las banquetas. Señoras emocionadas con las compras de pánico. Tapabocas en extinción. Crecimiento exponencial del precio de tapabocas en las esquinas. Ambulancias. Cines con la cortina hasta abajo. Restaurantes con sólo meseros cruzando los brazos. Gente en casa, después de cada flash informativo, viendo películas sobre guerras biológicas, sobre invasiones extraterrestres o sobre amores adolescentes. Ansiedad por contar buenos chistes en la red. Gobiernos pidiendo prestado, una vez más, al banco mundial. Medios en un doble discurso: pidiendo calma con el oscuro deseo de que esto sea real. De que por fin seamos los protagonistas del mundo.

7

Sea como sea, algo sucede en la red. Los mensajes del messenger traen el mismo tufo que en las comidas. Facebook es un soporte casi espiritual, Twitter un desahogo. Reímos. Dentro de nuestras casas, no estamos solos, estamos en el mismo delirio.

8

Pedíamos que algo sucediera, yo escuché los gritos.

9

James Cole no pudo, ¿lo recuerdan?

10

Tengo escasas referencias para atar los cabos. Dos amigos me lo advirtieron: el cine de zombies, las novelas de CF no eran pérdida de tiempo, eran educación sentimental para los nuevos tiempos. Mi sentido del humor también está mutilado.

11

Preguntas que me hice dentro de un vagón del metro:

¿También yo tengo ese oscuro deseo? ¿Soy yo o somos todos? ¿Qué pasaría si mañana nos dicen que ya todo está controlado? ¿Me sentiré aliviado o decepcionado?

12

No vuelvo a entrar en el metro. No pienso pertencer a una aglomeración. No tengo a quien besar. Como pase todo, lo que sea, yo seguiré en casa leyendo, trabajando desde casa, escribiendo desde casa, escuchando música desde casa, comunicándome desde casa. Como todos los días pues.

Fin de la primera transcripción.

[

17, 09 f

Tengo 12 años. Es el cumpleaños de una tía. Termino de comer y entro a mi recámara. No tengo un solo póster pegado. Mi mundo es blanco, como las paredes que me rodean. Juego en mi boca con unas pastillas de menta. Prendo la televisión. En MTV siguen con el unplugged de una banda que juzgo vieja, a pesar de que mi camisa es idéntica a la que oculta el vocalista debajo de un suéter verde. Something in the way, mmmmmmjmm/ Something in the way, yeah, mmmmmmmjmmm.

Voy a casa de E para hacer la tarea. Su hermano mayor está sentado en las escaleras. En su playera, un bebé nada hacia un billete de dólar. Me ve y tira su cigarro. Levanta una guitarra acústica y comienza a tocarla.
Subo y E me ve distinto, me ve como si tuviera una pepsicard que yo nunca he visto. No quiere hacer la tarea, me dice. Al parecer no le encuentra sentido.

Cuando bajamos, su hermano sigue con sus canciones. E se sienta. Ellos son ellos. Yo soy yo, y debería seguir en la comida de mi tía. E quiere estar con su hermano que canta con desánimo. Something in the way, mmmmmmmmmjmmmm/ Something in the way, yeah, mmmmmmmmmjmmmm. Es la misma canción que escuché en mi casa y, sorprendido, lo digo: es la misma canción que escuché hace rato en mi casa. ¿Cómo puede ser eso? No me ven. Ellos son ellos.

Una semana después mi hermano compra los casettes de Nevermind y Nirvana MTV Unplugged de un jalón y sin chistar. Con nuestra mesada. Lo agradezco en silencio. Nosotros también somos nosotros. Las paredes, por fin, encuentran sus imágenes.

Con el tiempo, ninguno de los dos toca la guitarra. Pero, también con el tiempo, uso los mismos tenis que el hermano de E, y  estoy siempre al tanto de una nueva muerte, una muerte que sí me pertenezca.

***

Apunte 1: Idea para show de TV

12 actores mediocres, entre los 20 y los 60 años, con al menos un intento de suicidio comprobable, luchan cada semana por un estelar en el cine mexicano. Dichas contiendas se llevan a cabo en calles mal iluminadas del centro histórico. Sin reglas, sin límite de alcohol. El ganador interpreta la vida de, digamos, Emilio Charles Junior.

charlesfd3

El rey del biutiful.

:___

9, 09 f

Pensé que hoy bajaría a deshacerme de los puntos suspensivos, a comprarme algo en el mercado, a caminar hacia algún sitio.

Y sí bajé pero la calle estaba vacía. Un mediodía seco y caluroso, de autos estacionados en una ciudad sin agua. Prefiero estar en mi recámara. Eso es hoy.

Decidí desempacar la ropa, colgarla. Decidí desempacar los libros mientras tomo café soluble, mientras me hiero poco a poco el estómago. Antes decidí desperidiciar el tiempo acostado en la cama, mirando el techo, escribiendo mentalmente el pasado y el futuro. Encender la televisión como sonido de fondo.

Justo ayer iba a decir lo siguiente: el andar de los días es tan carveriano. Y en seguida leo, en Todo Nada, de Lozano: “Luego de leer a Carver los momentos cotidianos le pertenecen a Raymond Carver, no a la vida”. Ya no diré eso del andar de los días. Digo esto mientras me levanto a desempacar.  Cuelgo mi sudadera favorita. Tiene una quemadura.  Por cierto, una vez me quemaron con un cigarro, recuerdo muy bien quien. Terrible: mientras más leo, más ganas de escribir tengo.

Uno de los personajes de Todo Nada odia que su interlocutor hable de Borges. ¿Por qué? Porque no lo ha leído. Todo lo que no ha hecho le recuerda la ausencia, la presencia de la muerte. Yo no he hecho muchas cosas, pero creo que las haré de un momento a otro. Soy yo. No he desempacado los libros, por ejemplo. No he ido a la India. Mis ejemplares de Borges siguen en la oscuridad, encerrados en un caja improvisada. Un día amaneceré en Calcuta. Digo esto mientras le doy un trago a mi café soluble, un trago bien amargo que siento ahora, caliente, en el estómago. Una pequeña dosis de fin. Eso es hoy.

____:

7, 09 f

De pronto me vuelven las ganas de postear. O, lo mismo: de pronto pierde importancia quien me lea. Y no es que desprecie al incauto que pierde el tiempo conmigo, sino que no pretendo dar a entender nada. No hay mensajes ocultos, esta vez no hay referencias secretas. Los postes comunican, ya lo sabemos, a través de cables. Pero el verdadero discurso está en el camino que trenzan.

De pronto quiero decir: Nada. No pasa nada. Perec: no pasa nada, cabrón. Beckett: no pasa nada. Amigos: nada pasa, ¿se dan cuenta? ¿Eso quiere decir que todo está por ocurrir?, o que la nada es para gozarse. Saludar a la nada, nadar en la nada. Y todo ocurre, mientras tanto. Y cuando esté a punto de cumplir cien años, me vas a preguntar cómo estuvo la nada. Te diré, parafraseando a Carrington: Creo que bien, ya ni me acuerdo, fue hace mucho tiempo.

Y, como saben, me asomo a la ventana. En comparación con mi vida, el ritmo es vertiginoso: Un policía lee el periódico sentado en una silla. Una nube tapa la luz del sol. Un trailer atraviesa el eje 3. El policía dobla el periódico. Ve la calle, se moja el bigote con la lengua. Vuelve al periódico. La nube se va.

…»

3, 09 f

Confieso mi fascinación por la convergencia de universos paralelos. Cuando un superhéroe de Marvel aparece en D.C., por ejemplo, o cuando el personaje de un cuento viejo aparece en una novela contemporánea. Ese choque de lógicas me emociona.

Hoy en la noche abrí los ojos. Salgo de una enfermedad de labios resecos y cuerpo cortado. Me eché un regaderazo. Me preparé un té que tomo sentado en la cama, con la ventana abierta, absorto en el nuevo paisaje, un paisaje de luces artificiales. Las ventanas. No sé qué quiero decir de las ventanas pero me traen una idea que no puedo desarrollar. Bebo té. La multitud de ventanas encendidas me eriza la piel. Me rasco la mejilla. Sonrío. ¿Por qué? Los audífonos, el iTunes parece de acuerdo conmigo. Vemos las ventanas. No sabemos qué decir, pero es correcto. Bebo el último trago de té. Pasa un coche, entra un poco de frío. Escucho el viento.

¿En qué consiste esa fascinación por el choque de universos paralelos? ¿En lo inesperado?, ¿en lo imposible?, ¿en lo no lineal? ¿De qué me asombro? Es quizás un aburrimiento por la vieja linealidad. ¿Puedo desplazarme a otro universo paralelo? ¿Puedo morir y aparecer en una nueva saga de mi existencia? ¿Cuántas veces he muerto?, ¿estaré viviendo mi existencia más feliz?, ¿la más larga? ¿O la más corta? O quizás me fascina la pérdida de lógica, el desperdicio de trama en universos sin sentido. La trama como un apego.

La oscuridad del universo es encandilada por la luz de las ventanas. Una perspectiva corta, claro está. Desde dónde estoy sentado, desde mi cuerpo reactivado, desde mi cambio de casa, desde de mi existencia, esta es mi perspectiva. La luz de las ventanas. No puede ser de otra manera. ¿O sí? No sé exactamente qué pienso. El iTunes se pone sentimental, ya no quiere ayudarme más. El viento enfría. Se me antoja un nuevo té.

Me veo sentado en la cama, por ejemplo, apegado a una trama sin sentido, iluminado por la luz de las ventanas, pensando en preparme un té. Me veo y me entran ganas de romper la lógica, presentarme como una existencia paralela, chocar. Pero estoy seguro de que me dará miedo. Si me presento a mí mismo, instaurando la convergencia de universos paralelos, es posible que me prescriba esquizofrénico. No es el momento de hacerlo, no es el momento de perder esa lógica. Quizás no debo saber cuántos somos en realidad. Me veo haciendo un nuevo té.

Vuelvo con el té a sentarme en la cama. Presiento que alguien escucha mi mente, que hay alguien conmigo mientras miro por la ventana. Siento que hay algo, una idea, pero no logro descifrarla. Pasa un coche. Quizás prefiero seguir sin desarrollar esa idea, quizás es mi decisión que nada pase, que solo mire, que escuche al iTunes y salga de una enfermedad, con la piel erizada sin ninguna razón más que los tés y la espera de algo inesperado, algo imposible. En espera del asombro.