1
Finalmente me decido a postear sobre la influenza porcina, que en realidad es sobre nuestros días. No quería hacerlo sin la certeza del virus, pero algo me dice que ésta no es época de certezas. Es muy probable que cambie el espíritu en cada transcripción, en realidad nadie sabe nada.
2
La situación es jocosa, es el tema de las fiestas y las comidas. Estamos nerviosos.
3
Viernes en casa: Comienzo a sentirme parte de algo. La cerveza sabe mejor cuando es aderezada de paranoia colectiva. Somos los personajes. Nuestra intuición nos tiene relajados, sabemos que al final, antes de los créditos, todo volverá a la calma. Seremos distintos. Pero iguales. Todo está en la estructura dramática. Este día llegaría, les digo. La crisis económica, el agua, la violencia. Era ya tiempo de la nueva peripecia.
4
¿Existe?, ¿no es una cortina de humo? Y si existe, ¿por qué?, ¿quién?, ¿se dio de forma natural o en laboratorio? Y si no existe, ¿cuál es la razón para asustarnos? ¿Cuál es la teoría conspiratoria que embona todo?
5
Desde el sábado he estornudado unas cuarenta veces. Me ha dolido la cabeza, incluso me han dolido las articulaciones, pero les puedo asegurar, sin ir al médico, que no soy parte de la epidemia. No tengo la certeza de que esas cifras que sacan en televisión sean en realidad muertes, al menos muertes por la influenza. Sabemos, y muy bien, que la gente muere todo el tiempo en esta ciudad. Algo me impide confiar en los medios, ni en los locales ni en los globales. Es la versión posmoderna de Juanito y el Lobo. Pero no logro leer entre líneas. Y lo peor: no sé si ocultan o exageran.
6
Sea como sea, algo sucede en esta ciudad. Me asomo a la ventana y es un rompecabezas. Las calles se ven vacías. Soldados brotan en las banquetas. Señoras emocionadas con las compras de pánico. Tapabocas en extinción. Crecimiento exponencial del precio de tapabocas en las esquinas. Ambulancias. Cines con la cortina hasta abajo. Restaurantes con sólo meseros cruzando los brazos. Gente en casa, después de cada flash informativo, viendo películas sobre guerras biológicas, sobre invasiones extraterrestres o sobre amores adolescentes. Ansiedad por contar buenos chistes en la red. Gobiernos pidiendo prestado, una vez más, al banco mundial. Medios en un doble discurso: pidiendo calma con el oscuro deseo de que esto sea real. De que por fin seamos los protagonistas del mundo.
7
Sea como sea, algo sucede en la red. Los mensajes del messenger traen el mismo tufo que en las comidas. Facebook es un soporte casi espiritual, Twitter un desahogo. Reímos. Dentro de nuestras casas, no estamos solos, estamos en el mismo delirio.
8
Pedíamos que algo sucediera, yo escuché los gritos.
9
James Cole no pudo, ¿lo recuerdan?
10
Tengo escasas referencias para atar los cabos. Dos amigos me lo advirtieron: el cine de zombies, las novelas de CF no eran pérdida de tiempo, eran educación sentimental para los nuevos tiempos. Mi sentido del humor también está mutilado.
11
Preguntas que me hice dentro de un vagón del metro:
¿También yo tengo ese oscuro deseo? ¿Soy yo o somos todos? ¿Qué pasaría si mañana nos dicen que ya todo está controlado? ¿Me sentiré aliviado o decepcionado?
12
No vuelvo a entrar en el metro. No pienso pertencer a una aglomeración. No tengo a quien besar. Como pase todo, lo que sea, yo seguiré en casa leyendo, trabajando desde casa, escribiendo desde casa, escuchando música desde casa, comunicándome desde casa. Como todos los días pues.
Fin de la primera transcripción.
