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Acabo de escribir un post. Decía que quizás cambiaría el espíritu en cada transcripción. Y lo decía porque justo, mientras redactaba, miles de ideas cruzaban por mi cabeza:
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Teorías conspiratorias, teorías cortas como cortinas de humo, teorías exageradas sobre el verdadero origen del virus, argumentos simplones, frescos, oscuros, chistes pendejos y chistes absurdamente negros.
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Me han acostumbrado a ser escéptico, pero también a tratar a la salud por encima de todo. Hay que cuestionar cada evento, hasta cierto punto, si no seguiríamos en las cavernas. Un diagnóstico, lo mismo, sólo es una verdad hasta cierto punto, si no seguiríamos en las cavernas. Es una encrucijada interesante, si tomamos en cuenta que no puedo entregarle mi fe a los medios masivos de comunicación, me siento extraviado. En un sólo día, con un sólo paso, viajo de la crisis sanitaria al cinismo político. Digo que no descarto la idea de que la Historia sea la historia de las cortinas de humo, mientras lavo las llaves de mi lavabo. Y digo que eso lo sabe cada político, mientras bebo como si mi hígado fuera inmortal.
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Estoy confundido. Mi semana será como todas. Sólo un poco más de TV. Más periódicos internacionales y menos cantina.
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Con tanto ruido cerca, es difícil distinguir los susurros.
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Reflexión ante las cifras: Aunque la influenza (porcina) es un virus nuevo, debemos cuidarnos de la influenza estacional, lleva más muertos. Otra: En este país, en esta ciudad, nos morimos de virus que ya han sido descubiertos. Un virus nuevo significa un nuevo habitante, alguien más de quien cuidarse.
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En TV.
Señor: ¿Y ahora, qué hago en casa toda la semana?, díganme.
Conductora: Puede disfrutar de nuestro canal las 24 horas.
Doctor, sonriendo: Es un buen pretexto para reflexionar, para preguntarnos en dónde estamos, hacia dónde vamos. Para convivir como seres humanos.
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Ahora todos viven encerrados, trabajan desde casa. Sociabilizan por internet. Mandan sus archivos por e-mail. Se enteran de los eventos por el Facebook. Se coquetetan en Twitter. Se mandan besos por Messenger. Salen de casa únicamente para buscar comida. Me sorprende que mucha gente se desespere y que lo exprese. Empiezo a preguntarme sobre mi estilo de vida.
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Visita. ¿Tienes gripa? No. Mano entonces. ¿Tú, tienes fiebre? No. Beso entonces. Sólo, por precaución, no deberíamos lamernos.
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Viene un fotógrafo por libros. Él me extiende la mano. No quiero responder al gesto. Sonríe. Entrego los libros. Cierro la puerta. Mientras subo a casa, pienso: visiblemte no estaba enfermo. Discrimino a quienes vienen de la calle.
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Los doctores sonríen. Están hartos de repetir lo mismo, están cansados de decir que nos lavemos las manos, cansados de repetir que una diarrea no es influenza. En TV, otra vez:
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Señora: Oiga, ¿es cierto que no sirven los cubrebocas?
Doctor 1: Claro que sirven, siempre y cuando sean de los que sirven.
Señora: ¿Cuáles no sirven?
Doctor 1: Mire, todos sirven. Todos sirven como un símbolo de cortesía. Pero, obviamente, si yo veo que la persona a mi lado está congestionada y tiembla de fiebre, me cambio de lugar. Repito, así debería ser siempre.
Doctor 2: Es más, yo iría más lejos. Si yo, trabajador, estoy enfermo de fiebre, no debería salir de casa. Así todo sería menos complicado. Se nos olvida que la influenza es un peligro todos los años.
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Entramos en un restaurante de comimda rápida. Los empleados traen cubrebocas. Una mujer limpia el pasamanos de la escalera eléctrica. Volvemos y nos lavamos las manos. Díganme paranoico pero: ¿no debería de ser así siempre? Yo no sé qué pedo con la influenza porcina, lo que si sé es que, al menos esta semana, a huevo sobrevivo a la influenza estacional, la gastritis, la amibeasis, la salmonelosis, la neumonía, la varicela, la depresión y las mujeres.
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Por fin platico con Diana por Skype hasta Barcelona. Conclusión: somos unos azotados, nos gusta morirnos de gripa. Y la ciencia ficción es un gran género literario.
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Y sí. Pasaron leyes rarísimas, la gente dejó de comprar puerco, la venta de antivirales y cubrebocas se disparó, de nuevo le debemos un chingo de varo al FMI sin saberlo, Tigres o Necaxa bajará a la segunda división, el Real Madrid y el América se hunden, no fui a la playa en puente a gastar mi dinero y la ciudad está llena de policías y militares que no sabemos si desaparezcan algún día.
Pero, si algo nos enseñó Poe, es que no hay que buscarle mucho para encontrar la carta robada: está siempre ante nuestros ojos.
Fin de la segunda transcripción.