Hijos de puta sin fama
Hace un mes, cuando me enteré que Tarantino había confirmado su visita al festival de Morelia, me pregunté si valdría la pena viajar a verle como todo un fanático. Si bien es cierto que Pulp Fiction (hecha en 1995, vista en 1997) fue toda una revelación para mi monocromática y lineal adolescencia, y que Reservoir Dogs (hecha en 1992, vista en 1998) me hizo pensar que hay que preocuparse en escribir un texto con estilo antes de conseguir una grúa o de cerrar una calle, si bien es cierto todo esto, también lo es que Tarantino es sólo un tipo de mentón prominente que vive cansado de hablar de lo que hace, como lo argumentaban algunos de mis amigos para frenar mi suave entusiasmo, además de que el resto de su películas apenas y las he alcanzado a ver en domingos lluviosos y versiones piratas. Aún así, un incidente acarreó a otro y mi fanatismo obsoleto me tiene ahora frente a él en una conferencia plagada de distintos niveles de entusiasmo. Y en efecto, su mentón es prominente.
Quisiera hacerle una pregunta, pero tomando en cuenta mi timidez y que me he dormido en el hotel mientras proyectaban la función para prensa de Inglorious Bastards, sospecho que será de mal gusto hablar sobre Mr. Pink en Perros de Reserva. Así que callo.
A pesar de que se mueve con agilidad entre gestos y palabras, alcanzo a notar un dejo de cansancio con el tema de la violencia, es más, me atrevería a decir que se pone a la defensiva, deja de desmenuzar las preguntas y se mete en el cajón que ha pulido con los años.
-¿Cuándo te diste cuenta que te gustaba la estética de la violencia?
-Si no te gustan mis películas no las veas.
Sonrío. Quizás sea cuestión de obligarlo a improvisar con preguntas más ingeniosas. Se ha centrado mucho en la violencia. Al parecer la película estuvo muy cruda. O quizás se ha hecho fama de sangriento por juntarse con Takashi Mike. Míranos, fílmanos, ¿no ves que violento es por acá? O la traductora es muy mala. O la gira ha sido extremadamente larga, no lo sé.
En sus filmes no se mata ni a una mosca, dice, porque detesta la violencia fuera de la representación de una película.
-Disfruto la violencia en el cine, no en la vida real.
Podría no creerle, pero le creo. ¿Yo disfruto la violencia en la vida real? Evidentemente esta pregunta toma otro cariz viviendo en este país. Por supuesto que no lo disfruto, pero no olvidaré preguntármelo el día que vea un decapitado debajo de mi casa. ¿Por qué nos gustará la violenica? ¿Qué parte de nosotros se relaja? Le creo a Tarantino, a mí también me gusta la violencia en el cine, no en la vida real. sus películas son sólo una representación como él dice. ¿Cómo podría promover el cine la violencia en quienes ni siquiera lo ven? ¿No será al revés? ¿El crimen toma sus trucos del cine, o los cineastas abosrben del crimen? ¿El cine promueve la violencia, o la violencia promueve al cine? ¿La violencia como búsqueda estética, o el cine como inspiración carnal? Suena absurdo. ¿Cuántos hijos de puta sin fama hay por ahí haciendo su chamba, decapitando, soltando metralla, metiendo cadávares en tambos de ácido, incluso tomando venganza con su propia mano? ¿A esos hijos de puta sin fama, les gustará la farsa? ¿Todos ellos serán fanáticos de Tarantino? ¿Estarán aquí en Morelia? He estado divagando y la conferencia se se ha ido hacia otra parte. Habla sobre escribir, sobre lo importante que es no juzgar a tus personajes, ni siquiera a un nazi. Sospecho que la película está divertida. Dice alguna otra cosa sobre sus diálogos como mecanismo de suspenso, se echa una referencia sobre René Cardona Jr., hablan de lo duro y profesional que es en el set, dice que hará un Western, repite por cuarta vez que no tiene pensado filmar sobre México a pesar de lo violento que es, y se termina la conferencia. Todos aplaudimos. Yo muero por tomarme una foto con él, pero no llevo cámara y sólo miro cómo firma servilletas y camisetas.